miércoles, 4 de mayo de 2011

San Gregorio Ostiense, Sorlada

Una foto para un día: portada de San Gregorio Ostiense, Sorlada, una de las maravillas de Navarra


Portada de la Basílica de San Gregorio Ostiense, uno de los conjuntos más sobresalientes del Barroco navarro.

Levantada en honor a San Gregorio, obispo de Ostia, sorprende su presencia regia sobre una colina y abruma su portada, de gran riqueza y profusión ornamental. En el interior del templo deslumbra su cúpula, de la que desciende un chorro de luz que convierte el crucero en un espectacular espacio con cierto aire teatral, muy propio de la estética barroca.

La Basílica de San Gregorio Ostiense se levanta sobre una colina próxima al pueblo de Sorlada, 20 kilómetros al suroeste de Estella en la Zona Media de Navarra. Desde su emplazamiento se disfruta de una vista privilegiada sobre la comarca y es posible observar los pueblos de los valles de La Berrueza y Valdega, la Sierra de Codés, la Sierra de Lóquiz, la de Andía, Monjardín y Montejurra.

San Gregorio fue probablemente uno de los primeros caminantes a Santiago de Compostela. Llegó al Reino de Pamplona en los últimos años de su vida, enviado por el papa Benedicto IX y gracias a su una gran visión del Camino, se volcó en la construcción de puentes como los de La Calzada o Burgos. Fue asimismo este cardenal y obispo de Ostia quien ordenó sacerdote a Santo Domingo de la Calzada.

A pesar de que la primitiva iglesia fue construida tras el descubrimiento del sepulcro del santo en el siglo XIII, las reformas posteriores han creado un templo de extraordinarias proporciones. Desde finales del XVII y durante buena parte del XVIII se elevó la actual basílica. En la primera fase se levantaron la nave, la portada y la torre. La fase rococó, en el tercer cuarto del siglo XVIII, supuso la construcción del crucero y la cabecera con el camarín. Por último, hacia 1831 se procedió a la reforma decorativa de la nave, en estilo neoclásico, y a la elevación del coro de los pies.

En su exterior presenta sólidos muros de sillería y contrafuertes en el lado del Evangelio, acompañados por interesantes juegos de volúmenes. Pero de todo el conjunto brilla con luz propia la espectacular portada, situada en el muro de la Epístola. Es la primera obra barroca de la basílica y está inspirada en la de la vecina Santa María de Viana. Posee estructura absidial, presenta dos cuerpos de columnas salomónicas y está rematada por un cuarto de esfera. La abundante decoración que recubre su arquitectura le confiere una gran riqueza y espectacularidad, convirtiéndola en un gran retablo en piedra. Las hornacinas del primer cuerpo alojan las esculturas de San Pedro y San Pablo, y la central del segundo la imagen de San Gregorio Ostiense. En los paños laterales de este cuerpo se aprecian dos relieves alusivos a la historia del santo.

En el interior del templo, las pinturas murales que se observan narran la pericia de San Gregorio en una plaga que tuvo lugar en la comarca en el siglo XI. Y con diferencia, lo más destacable es la cabecera de estructura trebolada, que aparece rematada por una monumental cúpula octogonal de estilo rococó que corona el crucero y que da al presbiterio una iluminación escenográfica.

La razón de ser el santuario de San Gregorio Ostiense es la propia reliquia del santo, su cráneo, que se conserva bajo un rico forro de chapa de plata. Centra la leyenda cómo San Gregorio, monje benedictino del siglo XI, libró a Navarra de una plaga de langosta que la asolaba. Sepultado en la basílica, pronto se convirtió en protector contra la langosta, el pulgón y otros insectos. De ahí la tradición de pasear la reliquia por múltiples localidades y pasar agua por la cabeza para posteriormente echarla sobre el campo con el fin de asegurar una buena cosecha. Ello justifica la frase hecha: "Andar más que la cabeza de San Gregorio"

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